diciembre 09, 2009

NUNCA TERMINA UNO DE CONOCER A "LAS PERSONAS"

(ÉSTE POST NO ESTABA PROGRAMADO EN ESTE LUGAR. PERO UNA SERIE DE EVENTOS HAN INFLUIDO AHORA PARA PUBLICARLO. EL QUE IBA AQUÍ LO PUBLICARÉ DESPUÉS, PERO ÉSTE ERA NECESARIO AHORA, PARA ALGUIEN QUE PUEDA LEERLO.
Y, POR QUE NO, PARA MÍ)

Me he pasado más de veinte años de mi vida empeñado en conocer gente.
(Es increíble la fuerza que puede llegar a tener una frase así. Digo, poner que algo lo haces hace más de veinte años... ¡tiene una autoridad!)

En estas largas dos décadas -seguramente son más años pero puedo afirmar que son al menos esos- encontré un montón de gente. De la interesante, de la despreciable, de los que nunca olvidarás aunque los hayas visto un minuto tan solo.
La gente que te acompañará el resto del camino.
La que vas a odiar, la que vas a amar, la que nunca dejarás, y aquellos a quienes debes dejar partir.

No es sencillo, y eso se nota, porque en realidad, uno nunca termina  de conocer a "las personas".

Seguro que ahora que leen con cuidado, notan las comillas.

Y es que no hablo aquí de las personas en general, que andan por las calles sin importarles nada más que andar. Son "las personas", las que marcan, las que alegran, las que hieren.
Además, abarcar las dimensiones filosóficas de un concepto tan amplio como las personas sería un desastre logístico. No alcanzarían blogs para intentarlo.
Pero si puedo hablar de "las personas". Esas que han estado en mi vida, y en la de algunos más.

He vivido algunas cosas. La mayoría las agradezco, buenas o malas. Otras -¡bueno, nadie tiene tanta paciencia!- viven en mi particular cajita de la infamia. Y a esos mismos lugares, a la memoria y a la caja, van "las personas".

He tenido suerte, con todo. La mayoría de la gente que conozco, con sus particularidades, siempre tienen al menos una razón para apreciarlas. Casi todas dicen siempre la verdad, prácticamente todas son honradas, no he conocido asesinos, tal vez uno que otro corrupto, gente trabajadora y floja, valiente y cobarde, capaz de sacrificios y completamente egoísta.
Todas amigas, todas queridas por su particular papel en mi vida.

Pero nunca termina uno de conocer a "las personas".

Aquí me detallo.
Siempre consideré a la cultura, al interés por saber, como un requisito INDISPENSABLE para entrar a mi club de "las personas". Uno tiene derecho a ser selectivo con estos, que -según otro buen y abandonado amigo- son la familia que se escoge, y así, traté de vermelas con gente que al menos fuera capaz de pasar una página sin sufrir un colapso nervioso, o un severo ataque de ansiedad.
Es bueno estar rodeado de gente inteligente, si uno siente que, pese a los errores de una vida algo desordenada, también lo es.

Otra "persona" igualmente querida, me dijo que nadie que cultive un arte puede ser completamente malo. Yo alargué el concepto, sobre todo luego de leer un libro sobre libros: nadie que esté cerca de la cultura, puede ser completamente malo.
Basado en eso, sentí que tenía una especie de amuleto de la buena suerte. Una brújula.
Total, la cultura refina, evita la mediocridad, aleja la maldad, la vacuidad, la miseria humana. Hace rico a quien la obtiene, no de la forma convencionalmente aceptada; rico como un buen vino, facetado, lleno de contrastes, complejo.
Atractivo.
Bueno.

Creo firmemente que uno busca siempre personas buenas para si. Y si vas en busca de un camino -a lo más, es de lo que finalmente trata todo esto de vivir- intentas conseguir compañeros de viaje que sean alegría en el cansancio y fuerza en el avance.
Y me he encontrado en las últimas horas con un terrible decepción.

Hallé un impostor.

Es cierto: no por una falla se puede decir que un sistema decente para buscar a las personas adecuadas para uno deba derribarse, pero igual remece los cimientos, como en aquella inolvidable escena de la traición en Enrique V.

"Y esta falta deja una especie de marca, 
que hace del hombre más completo y mejor adornado 
un sospechoso"
(traducción de El Corto Maltés desde el texto de Project Gutenberg)

Siempre creí que la cultura protegía a la gente de la maldad, de la venalidad, de la falta de decencia.
No se trata de buenas costumbres, que esas siempre son un punto de vista.
Se trata de humanidad.
Y acabo de conocer que esa afirmación tan valiosa es una cuando menos inexacta.

Esta es una parte dura del camino, porque es una persona que hace daño. Daño a las personas que lo rodean. Daño a quienes lo conocemos, por las dimensiones del engaño. Daño a una "persona" en particular, que no lo merece.

Nunca acaba uno de conocer a "las personas"
Nunca acaba uno de aprender.

1 comentario:

  1. me a encantado leer estaa lectura, que atraves de si mismo encena muchas cosas, sobre la vida como de las amistades y la cultura. muchas gracias..

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